Haciendo memoria acerca de lo que sucedió el fin de semana pasado en la que me vi envuelta en una situación un poco embarazosa, me percaté que sin duda alguna, cada persona que entra en tu vida es un gran maestro.
Todo esto lo he venido aprendiendo durante un año que llevo en clases de yoga, leyendo libros que me han llevado a re-descubrir mis creencias espirituales y re-definir mis propios términos.
Para poner un poco de contexto, y sabor a esta publicación debo hacer saber que me embriagué. ¡Ja! si, yo la niña buena, la niña que no rompía un plato desde hacía muchos ayeres, la niña que no "quería crear más karma ni "ensuciar" su aura con alcohol o algún otro tipo de cosa que cambie mi energía".
Bañándome (¡bendita ducha!) tuve una revelación que me hizo darle la vuelta a mi situación, donde sólo escuché " Carla, tú solías ser más divertida." Mis recuerdos de cuando bailaba, reía, salía, hacía cosas nuevas, sin temor comenzaron a salir de ese pequeñito hoyito de luz que me abrió esa frase.
Cuando solía ser más divertida, también solía ser más irresponsable de mis actos, no me importaban las consecuencias y sólo veía por mi. NO, nunca fui drogadicta ni alcohólica, ni muy fiestera, sólo muchas veces hacía cosas sin la responsabilidad. Como quien dice "era muy niña aún".
Hoy me doy cuenta que, después de dos años de estar castigándome no divirtiéndome, no salir, no reír, no ir de fiesta, no hacer cosas nuevas, no disfrutar ha caído frente a mis ojos que puedes ser divertida pero con todo lo que has aprendido. Por ahí escuché alguna vez que lo que nos separa a los adultos de los niños es la responsabilidad.
Mientras tanto, yo no quiero perder lo poco o mucho que he sacado de mi niña interior. Por supuesto que se puede vivir siendo niño, pero con la responsabilidad y la experiencia de un adulto. Es la maravilla de encontrar balance en la vida, todo tiene esa dualidad, pero solo de ti depende qué tanto balanceas las cosas.
Supongo ahí radica el éxito de la consciencia...
No comments:
Post a Comment